Por: Josué Cuevas
Como padres, a menudo nos preocupamos por las calificaciones escolares, las habilidades sociales o el comportamiento externo de nuestros hijos. Sin embargo, la Biblia nos ofrece una perspectiva radicalmente distinta: la crianza no se trata principalmente de modificar la conducta, sino de pastorear el corazón.
En Proverbios 4:23 leemos: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Este principio es la piedra angular para criar a nuestros hijos, desde sus primeros años.
¿Por qué el corazón?
Tedd Tripp, autor de Cómo pastorear el corazón de tu hijo, enfatiza que el comportamiento es simplemente el fruto de lo que sucede en el interior. Si solo nos enfocamos en que el niño “se porte bien” por miedo al castigo o por búsqueda de aprobación, estamos ignorando la raíz del problema: su necesidad de ser pastoreado. Y aquí quisiera que tomaras un tiempo para preguntarte: ¿qué hay en el corazón de cada uno de tus hijos? Bueno, si tienes más de uno, porque si hay algo que definitivamente he aprendido al criar a dos pequeñas niñas es que, aunque salieron de la misma madre, son completamente distintas.
Criar hijos desde los 3 y hasta la juventud, pasando por la adolescencia, implica entender que sus acciones, tanto la obediencia como la desobediencia, son ventanas que nos permiten ver las actitudes y deseos de su corazón.
Como buen bautista que soy, quiero compartir contigo 3 áreas de oportunidad que la Biblia nos enseña que debemos contemplar cuando se trata del corazón de nuestros hijos. Así que, como dijo Jack (el destripador): “Vámonos por partes”.
1. La instrucción bíblica.
Deuteronomio 6:6-7 dice: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”. Repetir, hablar, andar, acostarse, levantarse… ¡wow!, prácticamente es en todo ese momento que llamamos vida. Es decir, la Biblia no se les enseña a nuestros hijos como una clase teórica, sino como un estilo de vida.
2. El evangelio como centro.
Paul David Tripp, en su libro Parenting: 14 principios del evangelio, nos recuerda que nuestros hijos no necesitan primero un cambio de conducta, necesitan desesperadamente un Salvador. ¿Quién quieres que sea la persona que les hable de Jesús y su obra en la cruz a tus hijos? ¿Esperas que sea el pastor? ¿O su maestra de discipulado? ¿O en algún campamento?
Cuando nuestros hijos fallan, no debemos reaccionar con ira, sino con la misma gracia que Dios nos muestra a nosotros y llevarlos hacia la cruz de Cristo (la necesidad de un Salvador).
3. La disciplina como una oportunidad.
Recuerdo que mis padres tenían una regla de madera de unos 90 cm y como otros 9 de ancho, con unas letras grabadas con pirógrafo que decía: “Corrige a tu hijo, y te dará descanso, Proverbios 29:17a”, y que cuando papá sacaba la mentada vara, alguien estaba en problemas.
La disciplina bíblica es una herramienta para mostrarles su pecado (la necesidad de arrepentimiento). El objetivo no es tener hijos “bien portados”, sino hijos “desesperados por la gracia de Dios”.
- Pregunta antes de corregir: “¿Por qué hiciste esto?”, “¿Qué deseaba tu corazón en ese momento?”.
- Conecta con el corazón: Ayúdalos a entender que el pecado es primero contra Dios y luego contra el prójimo.
- Termina siempre con el Evangelio: Después de la corrección, debe haber un momento de oración y abrazo, reafirmando que su identidad está en Cristo, no en sus errores.
Un desafío para hoy
Sin lugar a dudas, en la época en la que nos encontramos, cuidar el corazón de nuestros hijos es la tarea más importante y, a la vez, la más agotadora. Habrá días de victoria y días de gran desafío. Recuerda que no estás solo. Como padres, nosotros también somos hijos de Dios necesitados de Su gracia cada día.
Si hoy te sientes insuficiente, busca al Pastor de pastores. Él te dará la sabiduría y la paciencia necesarias para pastorear los corazones que Él te ha confiado. También te esperamos los viernes en la mañana, donde, con una exquisita taza de café y algún bocadillo, nos reunimos a platicar de nuestras necesidades, de nuestras fallas, también de las victorias que Dios nos da con nuestros hijos, a orar por cada corazón que nos permite cuidar y, sobre todo, a entender que no estamos solos en este desafío de ser padres.
Bendiciones.
*Josué Cuevas es Licenciado en Teología con Idiomas por el Seminario Teológico Bautista de México e Ingeniero en Sistemas por la Universidad de Cuautitlán Izcalli. Tiene un especial interés por el ministerio juvenil y actualmente colabora en IEEZE como maestro de guitarra.

